Besos de Trementina
Por
Wilmarth
Marcus mira por cuarta vez el reloj de madera del Salón de Reuniones, en menos de cinco minutos. Se pisa los pies constantemente, y tuerce los dedos sobre su eje para hacerlos tronar. El Gran Bill odiaba que hiciera aquello, señalando con muecas particularmente graciosas y evitando llamar la atención del resto que tronar los dedos era un gesto de mala educación.En estos días, sin embargo, todos recurren a sus tics nerviosos más íntimos. Cualquier actividad, por pequeña que sea, que permita aliviar la tensión de ver el reloj avanzar, es bienvenida con los brazos abiertos.
6 de octubre de 2009




