La Búsqueda del Reloj de Plata (Segunda parte)
Por
Wilmarth
19 de marzo de 2010
Buenos días. Como te dijeron antes de entrar, te haré una serie de preguntas, tanto de actividad laboral como personales. Sobra decir que tus respuestas serán totalmente confidenciales, y lo que digas aquí nunca podría ser usado en tu contra ni en un proceso judicial, ni en confrontaciones políticas.
Cada vez somos menos. Nos movemos de noche y durante el día, nos turnamos para hacer guardia. No nos quedamos más de dos días en el mismo lugar, y evitamos los sitios públicos o altamente concurridos.
Para Claudia, Marcus era uno más de los cientos de desamparados que luchaban día a día por comer algo digno en medio de la creciente pobreza que azotaba nuestro barrio. Un chico que, además, frecuentemente veía cerca de los automóviles, reparando motores viejos o recargando los estanques de las camionetas.
Marcus mira por cuarta vez el reloj de madera del Salón de Reuniones, en menos de cinco minutos. Se pisa los pies constantemente, y tuerce los dedos sobre su eje para hacerlos tronar. El Gran Bill odiaba que hiciera aquello, señalando con muecas particularmente graciosas y evitando llamar la atención del resto que tronar los dedos era un gesto de mala educación.
"20 dólares compran mucho maní, pero no en Chile."
"Colecciono almas para el regreso del Gran Cthulhu"
"Si tuviera memoria fotográfica recordaría el propósito de este post, pero… no."
"No me pregunten quién soy ni me pidan que siga siendo el mismo."
"Por la fuerza de la Razón."